¿Y el hambre?

Según estudios internacionales, un fantasma acosa al mundo, el hambre, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura, conocida como la FAO, informó que en 2020 cerca de 811 millones de personas de la población mundial padecieron hambre, lo cual corresponde aproximadamente a un 10 por ciento de los habitantes del planeta, ante ello conviene considerar que pese a los avances y los recursos disponibles se sigue viendo limitada la posibilidad mínima de la supervivencia humana, alimentarse.

No deja de ser sorprendente la incapacidad de que en el mundo no se haya podido llegar a que el acceso al alimento esté garantizado, aunque según los expertos no se trata de la falta de disposición de alimentos sino de la avaricia empresarial.

El acceso a una alimentación básica se vio seriamente afectada por la pandemia del Covid que indujo la pérdida de ingresos por desempleo, el cierre de empresas, aumento del trabajo informal y precario, dificultando el acceso a alimentos básicos y de calidad, además de los problemas de aumentos exagerados de los alimentos al consumidor, algo que no se detiene y tiene efectos devastadores para los estratos sociales de más bajos ingresos, ahí la malnutrición aumenta produciendo enfermedades y crisis sanitarias, la paradoja es que un tercio de los alimentos que el mundo produce, se desperdician o se pierden, es estima que 3 mil millones de personas no tienen forma de costear una dieta saludable; además de las consecuencias del cambio climático y conflictos sociales producidos por las migraciones.

De acuerdo a los informes citados, el paradigma de producción y distribución de alimentos requiere de una reforma urgente que se inicie por eliminar el acaparamiento de los corporativos internacionales, de manera que el sistema agroalimentario permita un acceso justo de las mayorías tradicionalmente excluidas de productos alimenticios nutritivos, esto parecería ser como las llamadas a misa, algo imposible de atender y realizar, pero es un aspecto fundamental de derechos humanos.

Pero, ¿qué debiera hacer el Estado y las empresas corporativas, el primero tiene obligación de dar atención al campo y la agricultura, una vía adecuada podría ser algo como el, “Programa Sembrando Vida” puesto en marcha por el gobierno federal, cuyo objetivo es reducir la vulnerabilidad de la población agraria motivándolos a establecer sistemas productivos agroforestales, por medio de la entrega de apoyo económico, apoyos en especie y acompañamiento técnico; ya sé que ha sido muy criticado, sobre todo porque se dice que promueve la cultura de esperar todo del “papá gobierno” pero con él se cumple el mandato constitucional que por décadas desatendieron los gobiernos del Prian.

En Coahuila, según nuestro diario, aproximadamente 900 mil coahuilenses no tienen acceso a la canasta básica, es una cifra impactante, cuando se divulga con bombo y platillo “Fuerte, Coahuila Es”; y las ciudades más importantes como Torreón, Monclova, Ciudad Acuña y Saltillo están llegando a una inflación de dobles dígitos. Solo hay que ir a los supermercados a comprar los alimentos diarios, las verduras, las leguminosas y todos los alimentos cotidianos, en sólo unos meses han aumentado sus precios de manera impresionante.

Así que ante el costo de la canasta básica, adquirirla es cada vez más costoso, situación que incrementa pobreza y mala alimentación, por eso es precisa la observación de que la canasta básica se está volviendo inalcanzable para una tercera parte de la población coahuilense, así de simple.

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