Vendedores de problemas, no de soluciones

El mundo es un enjambre de inquietudes y problemas de todos tamaños y complejidades. Los problemas que nos rodean no son estáticos, evolucionan a través del tiempo, dependiendo de circunstancias o variables a su alrededor, incluyendo lo que hacen quienes viven con el problema para adaptarse, mitigar o eliminarlo. En un grupo de amigos, conocidos, familiares, o redes sociales, podemos identificar un rango de personalidades que perciben de forma distinta el mismo problema. Hay optimistas, pesimistas, realistas, soñadores, fatalistas, pero pocas veces nos topamos con la persona que no solo tiene la lectura correcta de la gravedad o escala del problema, por más chico que este sea, sino que pasa de ser un identificador o “vendedor” de problemas a alguien que proactivamente y con cierto nivel de conocimiento y herramientas adecuadas está dispuesto a entender y solucionar dicho problema. Pasa con frecuencia que no estamos capacitados para más que solo identificar el problema y si nos atrevemos a tomar acción, sin el tiempo, información o herramientas apropiadas podemos hacer que el problema en cuestión se agrave, perdiendo tiempo y recursos valiosos. Por ejemplo, esta semana vi dos mangueras relativamente viejas unidas con un conector o adaptador, en la conexión había una fuga relativamente pequeña (identifiqué el problema); supuse que sería sencillo apretar o ajustar el adaptador para eliminar la fuga (tomé la iniciativa de solucionar el problema); decidí que no necesitaba herramientas y que lo podía hacer en 3 minutos con antes de irme para atender otro compromiso (no hice el diagnóstico adecuado). El resultado fue que al tratar de apretar el adaptador hice que la fuga empeorara y me di cuenta de que necesitaría más tiempo, herramientas y probablemente un adaptador, si no es que una manguera, en mejores condiciones. Vi el problema, pero no lo entendí o diagnostiqué adecuadamente; tuve la iniciativa de hacer algo, pero no le dediqué el tiempo ni atención necesarios ni usé herramientas adecuadas. Me llevo un diez en identificación del problema, un nueve en haber tenido la iniciativa de poner manos a la obra, pero un cero en la ejecución de la solución. 

Si extrapolamos el incidente con la manguera de mi jardín a un verdadero problema que afecta miles o cientos de miles de vidas, por ejemplo, la crisis del agua en ciudades como Monterrey, nos damos cuenta de que por décadas ha habido políticos que saben identificar y señalar (nos venden) el problema, pero no necesariamente han avanzado en su solución; ellos son “vendedores de problemas”. El país está plagado de vendedores profesionales de problemas que pretenden ser electos sólo porque señalan uno o muchos problemas, como si eso significara que están capacitados o siquiera intentarán arreglar el problema. Se nos olvida a los ciudadanos tener curiosidad por entender las capacidades, intenciones y planes que dicho político tiene para atender y resolver problemas. Elegimos vendedores de problemas y no de soluciones. Circulaba un video de hace unos 30 o 40 años del exgobernador Martínez Domínguez donde pronosticaba la crisis del agua para el año 2010 o 2020. El señor en ese momento vendió el problema y sus sucesores lo siguieron vendiendo, pero no resolviendo. ¿A qué se debe que nos conformamos con vendedores de problemas y no buscamos a quien nos vende soluciones? La empresa consultora McKinsey publicó un documento en 2020 bajo el título “Seis mentalidades para resolver problemas en tiempos muy inciertos” (“Six problem-solving mindsets for very uncertain times“). Estas seis mentalidades o enfoques se aplican a temas de negocios, pero bien pueden servir en otros ramos, y son: Tener curiosidad sobre cada parte del problema; no ser perfeccionista y tolerar la ambigüedad; ver el mundo con distintos lentes; ser ocurrente y experimentar; usa la inteligencia colectiva, no tienes a las personas más inteligentes contigo; cuenta tu historia para generar acción.  

El perfil del político actual en México rara vez incluye un enfoque o mentalidad de curiosidad por entender los problemas a través de preguntar “¿por qué?” y tiende a seguir sus sesgos (¿ideología?) antes que preguntarse cuál es la mejor solución. También tiende a considerar que el líder es infalible y no cabe duda alguna una vez que él o ella decide algo. Rara vez se reconoce que por más capaces que sean los miembros del equipo o gabinete, hay mucho más talento fuera de este y no se le consulta. Por eso acabamos con obras a medias y nuevas obras inútiles, con desperdicio de recursos, con problemas que se perpetúan en lugar de resolverse y con la eterna “venta” de los problemas, pero no la implementación de soluciones. A todos niveles de gobierno, y a lo largo y ancho del país, estamos a tiempo de cambiar la descripción de puesto de quienes gobiernan, para buscar a quienes sean capaces de traer soluciones y no solo platicarnos de los problemas que ven y nos quieren vender. Los que resuelven problemas verán la forma de separarlos en pedazos pequeños que se pueden resolver y así avanzar gradualmente. Buscamos gerentes que ejecuten, no magos o ilusionistas. Aplica en las empresas y también en el gobierno.

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