Tribunal. Trump, y el perdón de Peña Nieto

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Donald Trump, candidato.
Nada queda ya por hacer. Trump será candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos. Su estrategia funcionó, despertar el fondo racista y duro del pueblo norteamericano. Provocar que lo enfrentaran e hicieran famoso en la política como lo es en los negocios. Tantos “inocentes”, fueron rehenes de su juego perverso.

Su batalla ahora será contra Hillary Clinton, quien aun con el apoyo de Barak Obama y su recuperada popularidad, no trae el ánimo general de su lado. Es un peligro inminente el arribo de Donald al poder del país más poderoso del mundo (de nuestro vecino incomodo, del socio desigual y del patrón de muchos millones de mexicanos que viven de aquel lado del Bravo, en situación irregular). No solo los sin papeles resentirán el odio racial, los de piel morena en general serán menospreciados (hasta repatriados quizás), y hasta los que vivimos acá en México, es previsible que resintamos una época ingrata.

Imaginemos por un momento el trato que puede esperar México. Si Obama que se distingue por su mano amable ignora a nuestro presidente en la reciente reunión de socios en Canadá, Donald Trump podrá ser inflexible y vengativo. La llegada de Trump al poder, tomará a Peña Nieto en plena impopularidad, débil y de salida, con la alternancia galopando a su vera. Un milagro de estrategia republicana, para ganar con el voto hispano, es la única oportunidad de salvación.

El perdón de Peña.
Tardío e incompleto parece llegar el perdón presidencial al agraviado pueblo mexicano. Para este Justiciero, el momento fue malo, la disculpa tardía y la mea culpa muy incompleta. No solo la casa blanca es tema de irritación, todo lo relativo al Grupo Higa es molesto y lo menos que decir, sospechoso y mal explicado.

La idea central es que, ante los negocios al amparo del poder y los evidentes casos de enriquecimiento inexplicable, (sucedidos alrededor de la propia familia presidencial y su círculo privilegiado), la presidencia de la república perdió la solvencia moral para: poner orden en el gabinete federal, para detener los excesos y rapiñas en tantas gubernaturas (sobre todo en algunas muy señaladas), e incluso en alcaldías.

¿Qué perdones debería pedir el presidente, suponiendo que con el reconocimiento de culpas solucionara algo del enfado social? ¿De los negocios, de la simulación, de las mentiras, del enriquecimiento, de la nula supervisión en entidades corruptas y ligadas al crimen, de tantas muertes inútiles ya que la inseguridad disminuye tan lenta que los cárteles se fragmentan y resurgen, de la economía débil y de la falta de éxito en el combate a la pobreza, de las pifias presidenciales, de los errores de forma y de fondo, del descredito internacional; de la crisis política y el fracaso de los partidos, (sobre todo del que lo llevó al poder), donde la soberbia y la antidemocracia,  y el negocio con las prerrogativas, son el espejo común?

No basta con el perdón, el pueblo quiere justicia. Pero el solo perdón que podría ser el inicio, llega tarde, es tan simple y no resuelve en nada la grave situación en tantas entidades de gobierno: Federales, estatales y municipales.

Coahuila y tantos.
En Coahuila vemos nuestra tragedia como la que más (quizás por la particularidad del apellido continuado y de los estropicios, políticos y financieros, consustanciales). Pero no somos únicos. Hay tanto que hacer y la esperanza se agota. Lejos de pretender cambiar, invocan al miedo… ¡para seguir medrando!

 
COLUMNAS de MÉXICO… “Con ética y honestidad: Otra historia se escribe. Otro México se cuenta.
 

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