Paráfrasis de una tiranía.

A la memoria de don Paco de la Peña, periodista notable y emprendedor de sueños.

“Que abusa de su superioridad, de su fuerza o de su poder en su relación con los demás. Que abusa del poder político y gobierna de manera totalitaria, sin limitaciones legales y, normalmente, actuando de forma corrupta y cruel”. Quiero cerciorarme del calificativo, por esa razón acudo al diccionario para definir al personaje y su estilo de gobernar.

A menos de 50 días de la terminación de este régimen totalitario coahuilteco, no vuelca la alegría ya que la posibilidad de la reproducción del estilo puede ser que se confirme por las autoridades electorales federales, a través de un delfín a modo, como la forma del dictador Ignacio.

Los síntomas y efectos de un régimen represivo y totalitario se han establecido en esta tierra desde 2011, es decir, al siguiente día de la salida del hoy hermano incómodo del Gobierno del Estado y el arribo de Jorge el breve, quien fue cooptado por los designios de Moreira 2.0, a través de David Aguillón y la nueva cepa de reyecitos y desde entonces, el reinado del poder, la zozobra y el miedo.
El dictador encabeza una administración basada en los principios del autoritarismo más recalcitrante a saber:

Principio primero. Mantenerlos aterrados. Las personas que se asustan fácilmente son sencillamente dominadas. Acostumbrados a la modorra ciudadana y la apatía, los gobernantes infunden temor en el público, el miedo a lo desconocido, o un temor a las posibles consecuencias para los que se oponen al Estado. Dejan volar nuestra imaginación hasta que vemos la muerte en cada esquina, tanto si realmente existe como si no.

La promesa de que la seguridad se encargaba él era, en el fondo, una amenaza, ya que lo que nunca nos imaginamos fue que nos convertiríamos en un estado en el que hay un policía per cápita y una ley por habitante, manteniendo un cuerpo policiaco corrupto y oneroso (¿Sabía usted, por ejemplo, que la fuerza Coahuila se hospeda en el hotel más lujoso de Piedras Negras?).

Y la última amenaza proferida fue que si no queda su delfín, entonces vuelve la violencia a Coahuila, háganme el favor.

Principio segundo: Mantenga aislados a sus súbditos. A través de la cooptación de hoy en día el tirano puede dirigir y manipular los movimientos de oposición. Mediante la creación y administración de grupos que se oponen entre sí, las élites pueden entonces micro gestionar todos los aspectos de un estado al borde de la revolución. De esa manera el tirano Ignacio mandó registrar ocho partidos políticos que llevan su marca, dio entrada a grupos de la diversidad sexual en la legislación y manipuló inclusive la posible alianza entre PRD y PAN en las pasadas elecciones a través de su comadre Mary Thelma.

Principio tercero: Controlar las leyes, las autoridades y los jueces. Especialista en el tema, el tirano Ignacio ha impulsado una serie de leyes a fin de disolver a la sociedad en sus valores, amén de nombrar a sus más allegados como juzgadores de las mismas y, no contento con ello, deja la herencia maquiavélica para el que continúe. Así la más nefasta de las mentes legales llegó a la presidencia del Tribunal Contencioso Administrativo, en donde también despacha otro incondicional y el más flojo, por no decir huevón, de los funcionarios que han pisado la alfombra de la magistratura. En las instituciones como el IEC, la CDHEC, el ICAI el legado de allegados es total y mansito, muy maiceado, y para acabar con el cuadro nombra a Chuy Flores como Fiscal Anticorrupción siendo que éste le debe al tirano Ignacio prácticamente todo en la vida como funcionario desde cuando le traía los refrescos e iba por las gorditas a la campana, en la Secretaría de Educación, allá por los 90.

Principio cuatro: Hacerles aceptar lo inaceptable. En el último renglón, no es suficiente para un Gobierno totalitario alimentarse del pútrido cieno de iniquidad que esparce sobre nosotros. Al mismo tiempo, nos lleva a influenciarnos para abandonar nuestros más valorados principios. Las tiranías están menos interesadas en dominar la forma en que vivimos, sino más bien en dominar lo que pensamos. Si son capaces de moldear nuestra propia moral, pueden existir sin oposición indefinidamente. Y casi lo logra el dictador Nacho, de no ser porque se le han atravesado diversos vericuetos en el camino que le llegan por dos vías: la federal y la ciudadana.

El pastor Niemoller, refiere la frase que define la consecuencia del acto: “Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron a buscar a los judíos, no protesté, porque yo no era judío. Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar”.

Ya pronto acaba, a Dios gracias.

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