Las vivencias de mi bisabuelo

La recesión mundial se agudiza y aún no toca fondo. Los pronósticos de los organismos internacionales sobre el crecimiento en la producción para este año son desastrosos para casi todos los países. Algunos, como el nuestro, perfilan un retroceso económico de dos dígitos. Además de los informes diarios sobre la crisis sanitaria, seguido recibimos noticias de otros fenómenos atípicos no menos preocupantes: potentes terremotos, polvos africanos, aparición de peligrosos bichos raros, entre otros.

Sin duda, el 2020 pasará a la historia como un parteaguas que cambió profundamente a nuestras sociedades. ¿Realmente somos una generación especial por ser parte de ello?

Tuve la fortuna de contar con un bisabuelo longevo, padre de mi abuelo paterno. Don Eleuterio nació casi al inicio del siglo pasado, en 1899. Falleció a los 92, cuando yo tenía 15. Aunque de origen campesino, no era ajeno a lo que pasaba en el resto del mundo.

Cuando mi bisabuelo tenía apenas 11 años, vivió en carne propia la brutalidad de la Revolución Mexicana, esa lucha fratricida que acabó con la vida de 2 millones de mexicanos.

Cuando tenía 15 y México seguía desangrándose en luchas intestinas, le tocó vivir el inicio de la Primera Guerra Mundial, que terminó cuando él tenía 19, con un saldo final de 20 millones de muertos. Justo ese año, en 1918, apareció la Gripe Española, que mató a más de 50 millones de personas.

Todavía no cumplía los 30 cuando se precipitó al vacío la Bolsa de Nueva York, lo que generó una crisis sin precedentes, causando inflación, desempleo y profunda pobreza en todo el mundo.

Logró sobrevivir a ella, pero una década después dio inicio la Segunda Guerra Mundial, con todos los horrores que trajo consigo. Terminó cuando mi bisabuelo tenía 47 años, dejando más de 60 millones de cadáveres, entre trincheras y campos de exterminio.

A partir de ahí, le tocó vivir las tensiones de una Guerra Fría que tuvo al mundo al borde de la destrucción masiva. Hasta que, por fin, con 90 años cumplidos pudo ser testigo de la caída del Muro de Berlín. En este contexto pudo apreciar, mediante la televisión, un artefacto que también se desarrolló durante su vida, el momento que un ruso abandonara la atmósfera terrestre y un año después, en 1969, un norteamericano pisara la Luna.

En el inter, presenció otras guerras icónicas, como la de Corea o de Vietnam; movimientos importantes como la Revolución Cubana o el del 68 en nuestro país; y magnicidios como el de Kennedy o Trotsky; sin olvidar el sismo del 85 en la Ciudad de México. Y todo ello, y muchas otras cosas más, lo vivió un ancestro que conocí.

Todas las generaciones pasamos por momentos difíciles y retadores. Eso no nos hace especiales. Lo que nos hace especiales es aprender de la adversidad, vencerla y salir fortalecidos como sociedad.

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