“¡Hijo de Castro!”

No, no se encontraba distraído, como muchos suponían. En realidad, el león estaba midiendo el terreno y siguiendo con sigilosa mirada a sus potenciales víctimas, en espera del momento más propicio para atrapar a una de ellas, devorarla y satisfacer así su hambre por algún tiempo acumulada.

Conociendo al temible cazador, no me sorprendió verle alcanzar su objetivo, con lo que una vez más dejó constancia de la extraordinaria destreza que caracteriza a los de su condición, pero sobre todo de su larga experiencia en el arte de lidiar con éxito en el mundo de los depredadores.

En efecto, el miércoles el diputado panista Juan Antonio García Villa dejó claro que ha vuelto por sus fueros, al hacer gala de su gran elocuencia y capacidad persuasiva, esto, durante la sesión semanal del Congreso de Coahuila, en donde funge como vicepresidente de la mesa directiva.

El que fuera en 1999 candidato a gobernador de Coahuila por la coalición PAN, PRD PT Y PVEM, la primera de que se tenga memoria en la entidad, fue diputado local por el Partido Acción Nacional en el periodo 1982-1985. Para entonces, el también catedrático ya había sido diputado federal, cargo que luego repitió en dos ocasiones, hasta ocupar, en 1997, una curul en el Senado de la República.

Después de 33 años de no pisar la máxima tribuna de su estado, el torreonense García Villa se erige hoy como el congresista más experimentado de la LXI Legislatura, cuando no en el más longevo, lo que por ende lo convierte en el líder moral de su bancada, de modo que su desempeño deberá ser, forzosamente, el más brillante del actual trienio, por lo menos para honrar el prestigio de que goza en un importante segmento de su partido.

Como ya lo traté de ilustrar, al lagunero se le ve ahora más calculador y, al parecer, menos arrebatado que en aquellos años en que el Congreso del Estado recién había hecho públicas sus sesiones, lo que favoreció el hecho de que los medios de comunicación también empezaron a tener acceso a estas.

No estoy buscando exaltar la figura de un panista, sino de un ciudadano con cualidades extraordinarias, como las que puede haber entre legisladores de otros partidos representados en el Congreso, y que deben ser capitalizadas, en vista de los enormes desafíos que plantea una sociedad en constante evolución.

El caso es que a mitad de semana el león amagó con sus garras, y su rugido se extendió hasta los pasillos del Palacio de Gobierno, donde se hacen esfuerzos desesperados para ingresar recursos, luego del desastre financiero heredado del Moreirato.

Ciertamente, el primer mandatario estatal trata a toda costa de evitar que los desatinos de su Secretario de Finanzas, Blas Flores Dávila, sean exhibidos en el Congreso, luego que la diputación permanente acordó su comparecencia, con todo y la oposición de la bancada priista, pues aún es fecha que el tesorero coahuilense no puede informar claramente sobre el destino de un crédito por 980 millones de pesos, contratado en diciembre pasado, bajo términos aparentemente inaceptables.

Después la traumática mega deuda que Coahuila arrastra desde la gestión de Humberto Moreira, el tema financiero no dejará de ser por muchos años un asunto delicado y, por ende, motivo de áspera controversia en el seno del Poder Legislativo, cuyos mandos ahora podrían estar pensando en un plan “B”, como no sea tratar de corromper a los diputados de minoría que, como se sabe, pueden en algún momento inclinar la balanza a favor o en contra de las expectativas de un gobernador al que le urge echar la casa por la ventana en este año electoral.

Por lo pronto, se tienen ciertos indicios de que la margarita se está deshojando en el grupo parlamentario del partido Unidad Democrática de Coahuila (UDC), conformado por los diputados Emilio A. de Hoyos Montemayor (coordinador de la bancada), Zulmma V. Guerrero Cázares y Édgar Gerardo Sánchez Garza, este último, recién salido del clóset político para declararse abiertamente lacayo del ala priista, cuyos intereses ha empezado a defender con inusitada vehemencia.

Obviamente, desgajamientos como este, a favor de las huestes del diputado priista Samuel Rodríguez y Miguel Ángel Riquelme, merman la fuerza opositora encabezada hasta ahora por los legisladores blanquiazules, pastoreados tras telones por Juan Antonio García Villa, de quien se sigue esperando que termine de dejar en libertad ese espíritu combativo de antaño.

Aquel día, mientras frotaba su desagradable barba, subió a tribuna el entonces diputado izquierdista Francisco Navarro Montenegro, quien, mirando retadoramente a García Villa, le espetó a este en su cara: “lo que pasa es que usted es sirvienta de (Ronald) Reagan”, a lo que después, y ya fuera de sí, García Villa respondería: “en todo caso, usted es hijo de (Fidel) Castro”. De ese tono eran las alocuciones y de esa intensidad el apasionamiento que surgía cuando en el Congreso de Coahuila se defendían verdades y se encabezaban supuestas causas justas.

Por lo menos las últimas tres legislaturas estatales se han caracterizado por rehuir al debate, olvidando que la discusión es la actividad por excelencia de cualquier parlamento, pues se supone que la confrontación de las ideas es el camino hacia la certeza de que las conclusiones y acuerdos finales serán los mejores, en función del bien común.

Se espera mucho, no sólo del viejo lobo de mar llamado Juan Antonio García Villa, sino también de las nuevas generaciones de políticos que han arribado al Palacio del Congreso, incluso de quienes llegan arropados por partidos relativamente nuevos, como UDC y Morena, y que hasta ahora nos mantienen expectantes. Pero, claro, aún es temprano para que muestren todas sus capacidades.

(palabras_mayores@hotmail.com).

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