En resumen: “la gente es un problema”

El principal problema -uno de los principales problemas, ya que hay muchos-, sobre gobernar pueblos es quién gobierna; o más bien, quién se las arregla para que la gente los deje gobernar.

En resumen: es un hecho muy conocido que esas personas que quieren gobernar a la gente son, ipso facto, quienes están menos capacitados para hacerlo. Para resumir el resumen: a cualquiera que sea capaz de hacerse elegir presidente no deberíamos, por ninguna circunstancia, permitírselo serlo“. No, estás líneas no son de Churchill, ni de Einstein, tampoco de Descartes, Platón o John Locke, y aun así representan uno de los párrafos más ciertos en lo que tiene que ver con la política y la ambición de poder político que existe a lo largo y ancho del mundo a través del tiempo. Fue Douglas Adams, un escritor inglés especialista en sátira cómica que se hizo famoso en los años ochenta con su serie de cinco libros de ciencia ficción, conocida en español (de España) como “Guía del Autoestopista Galáctico” (“The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy“, en su título original en inglés). Es en el segundo libro de la serie, El Restaurante del Fin del Universo, (The Restaurant at the End of the Universe, 1980) en el que plasma este párrafo. Adams, como señalamos antes, se especializaba en la sátira con humor y es también autor de otras frases relativamente populares, muchas de ellas incluidas en su serie de libros antes citada, por ejemplo: “Al inicio, el universo fue creado. Esto ha hecho enojar mucho a mucha gente y es considerado como una mala jugada”; “Me rehúso a contestar esa pregunta porque no sé la respuesta”; “Un error común que comete la gente cuando trata de diseñar algo completamente a prueba de tontos es subestimar la ingenuidad de quienes son completamente tontos”; “Una experiencia de aprendizaje útil es una de esas cosas que dice, ‘¿ves eso que acabas de hacer? Bueno, pues no lo hagas'”; “En cualquier día, prefiero ser feliz que estar en lo correcto”; “El mensaje final de Dios a su creación: ‘Disculpe las molestias'”; “No tiene caso usar la palabra ‘imposible’ para describir algo que claramente ya sucedió”; “Él fue un soñador, un pensador, un filósofo especulador… o, como su esposa decía, un idiota”; o uno de los más atinados: “Para resumir el resumen del resumen: la gente es un problema”.

No necesariamente Adams estaba aplicando esas frases al mundo real, pero es muy probable que las haya plantado así en su historia de ficción para describir una serie de axiomas de la vida cotidiana, en los ochenta -y aplicables a la actualidad-. Una crítica a la especie humana. Es prácticamente imposible leer esas frases, contenidas en libros de ficción para adolescentes, y no pensar en su aplicación a la realidad que hemos vivido o vivimos hoy. Podemos usarlas como medida de autocrítica al comportamiento humano y a la aparente incapacidad para aprender de nuestros errores, para ver lo obvio, para corregir el rumbo, para entender a aquellos que son distintos o a quienes percibimos como menos inteligentes que nosotros. A final de cuentas, los humanos somos buenos para resolver problemas, para inventar cosas, para construir; pero no podemos dejar de tener presente que de la misma forma somos capaces de crear problemas, de hacerlos más grandes, de desaprender, de destruir.

Regresamos al párrafo inicial de esta columna, ese sobre quienes están obsesionados con obtener el poder, con hacerse elegir por otros para gobernarlos, y no podemos evitar pensar en 2024 y en el ancho de banda de la población entera que empieza ya a consumir el proceso electoral para elegir al presidente o presidenta que reemplace a López Obrador. Y tal vez sea prudente y práctico medir las intenciones y alcance de quienes están ahora levantando la mano como posibles candidatos a través de algunas de estas frases de Douglas Adams. ¿De quién de los que suenan debemos tener cuidado por su ambición de poder por poder? Ese o esa que quiere convencernos de dejarla gobernarnos. ¿Está ese candidato debidamente capacitado para hacerlo? Eventualmente, supongo, tendríamos que pasar del meme al detalle y entender la profundidad del perfil, de sus ideas y sus propuestas. Parece que corremos el riesgo de acabar eligiendo, otra vez, a alguien que a lo más que llega es a ofrecer un concierto de un cantante de moda o a seguir haciendo las cosas que en el pasado no le funcionaron. Debemos preguntarnos ¿Quién tiene la respuesta a las principales preguntas? ¿Quién puede diseñar políticas verdaderamente a prueba de o para los tontos? ¿A qué soñador, pensador, filosofo especulador queremos como presidente? En cualquiera de los casos, no podemos ignorar que Douglas Adams no estaba tan errado cuando resumió todo diciendo que la gente es un problema. ¿Cómo cada uno de nosotros puede resolver el nivel de “problema”, chico o grande, que llevamos dentro? ¿Cómo es eso factor en nuestro criterio y análisis de las opciones de 2024? Tal vez no hemos siquiera empezado a entender por dónde arreglar el país y el espejo sea el primer paso necesario.

No señalar a quien no se animó o pudo ir a votar, sino siempre empezar por el bendito espejo, ahí está el hilo que hay que jalar para llegar a muchas de las respuestas sobre lo que funciona y no.

———————————————————————————————————————————————————————
* “El contenido, conceptos y juicios de valor del presente artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente son compartidos por la Edición, y/o los propietarios de este Periódico”.
———————————————————————————————————————————————————————
Compartir