El amor de papá es único

Durante muchos años, la figura paterna estaba catalogada como ausente y proveedor del hogar, pero con el paso de los años eso fue quedando atrás.

Actualmente, el amor de papá ha adquirido una mayor relevancia en la formación de los hijos.

El amor de padre no es más pequeño que el amor de madre. Ofrece otro horizonte a sus hijos, para jugar, aprender valores y sentirse más grandes, fuertes e independientes. El amor de padre es más cómplice de las travesuras y los permisos locos, pero también es la figura máxima de autoridad y el ejemplo con más fuerza en el corazón de un niño.

El padre que cultiva una relación cariñosa, confidente y honesta con sus hijos, será un fuerte pilar en las siguientes etapas de sus hijos. Sabrán que pueden acudir a él aun cuando hayan cometido errores graves y hallarán comprensión y un consejo amoroso.

El padre que dedica tiempo a sus hijos, incluso cuando se encuentra agotado por el trabajo, deja una huella indeleble en cada uno de ellos.

El amor de padre aumenta la fortaleza y la autoconfianza de los niños, y a su vez, el papá se llena con las risas y la energía de sus hijos. Cuando se conforma una familia es necesario ponderar entre las necesidades reales y los espejismos del consumismo, a fin de dar prioridad a lo que de verdad importa: una crianza compartida, en la que el amor de papá esté presente para los hijos y dé apoyo a la madre.

El continuo bombardeo de novedades para los niños y jóvenes nos puede orientar a creer que se necesita más dinero en casa, cuando lo más valioso que hay para un niño es el amor de papá y su tiempo.

Cambio de prioridades

El mundo necesita urgentemente un cambio de prioridades, pues requiere hijos más conscientes y amorosos, seguros de sí mismos y listos para ofrecer su tiempo y ayuda. Si tú, padre lector, estás interesado en dejar huella, considera estos aspectos para la formación de tus hijos:

  • Sus primeros 4 años son esenciales para el resto de su vida. Bríndales tu amor de papá sin reservas: cárgalos, aliméntalos, juega y duerme con ellos cuantas veces puedas.
  • No hagas distinciones de género: todos los juegos, todos los juguetes y todos los colores son para todos los niños. Permite que exploren sus límites y sus intereses lejos de cualquier prejuicio.
  • Confía en sus temores y defiéndelos aun cuando parezca que no hay nada qué temer. Cuando eso pase, no los cuestiones, solo permite que se sientan resguardados en el amor de papá.
  • Eso que haces o dices mientras crees que no te observan o escuchan, también lo aprenden. No dejes de observarte, escucharte y analiza si es lo que deseas que tus hijos asimilen.
  • La crianza respetuosa es de papá y mamá. Los dos deben estar de acuerdo en cómo actuar ante las rabietas de los hijos.
Compartir