Crónica de una transición comprometida

El proceso de transición en Coahuila es muy largo, cinco meses separan a la elección de la toma de protesta y durante ese tiempo parecería que las trapacerías se llevan a cabo con la mínima sutileza.

Cambios de gobierno complicados sucedieron desde los años ochenta iniciando con la renuncia de Flores Tapia 4 meses antes de la toma de protesta del “diablo” De las Fuentes; luego el arribo anticipado de Rogelio Montemayor con “Solidaridad” a finales del sexenio de Mendoza Berrueto; continuando con la denuncia de un desfalco a la tesorería por parte de Martínez y Martínez contra su antecesor; el despido del hermano incómodo del PRI para que pudiera tomar protesta Rubén “N” y terminando por la judicialización de la elección del gerente del moreirato con el consiguiente seguidillo y aparte la pérdida de mayoría del Congreso del Estado.

Viendo el resultado con el que fue electo Manolo, se podría suponer que la transición sería tersa, en colchón suave y almohada de plumas, sin embargo, como la realidad tiene su lado moridor, las sorpresas empiezan a brotar y resultan complicadas.

Para empezar la trama, de repente Riquelme ordena a sus pastores del centro de alabanza que autoricen de “inmediato mis lacayos” la reestructuración de la fatal deuda del estado a otros 25 años.

Esta novación de deuda ha significado para está administración y la anterior, un verdadero negocio, ya que en cada una de ellas las comaladas de pesos se recogen en Tortón, e incrementan los haberes y las mieses de los gobernantes, convirtiéndose en ganancias estratosféricas que alcanzan para comprar: hoteles, ranchos, viñedos, viajes y según el gusto, viejas o viejos.

Esta acción repercute en la promesa que había hecho el candidato Manolo cuando lo cuestionaron acerca del problema de la deuda pública.

El gobernador electo había prometido que para tomar decisiones acerca de la deuda se convocaría a personajes de la sociedad civil en una especie de consejo para las acciones pertinentes, pero que llega Riquelme en este año de Hidalgo y se lo chamaquea.

No terminaba, esté atraco y de arribar Manolo a Piedras Negras para el efecto de compartir el triunfo con esa ciudad, cuando la alcaldesa Normita Treviño, ya le tenía otra sorpresa. Resulta que la fifí alcaldesa, quien nunca se ha subido, ni en campaña, a un transporte público, autorizó sin más discusión un incremento de tarifas de más del 80% a favor de los transportes Ibarra.

Esta línea ha explotado la concesión de transporte en la ciudad desde los años sesenta, prestando un servicio pésimo, por no tener competencia, ya que ha enaceitado a los alcaldes de ese pueblo para evitar que otras líneas se establezcan.

Con muy poca sensibilidad y mucha menos conciencia, la alcaldesa toma la decisión de pegarle al bolsillo de los peregrinos que ahora deberán pagar al menos 30 pesos diarios de transporte y muchas gracias por su voto, los espero en 2024.

Otro escollo de la transición resultará en la designación de 2 Magistrados del Poder Judicial, del presidente de la Comisión de Derechos Humanos y de 2 Comisionados del ICAI.

Se dice que el ánimo de Riquelme está de mírame y no me toques con su pupilo, ya que está escuchando voces que vienen desde Sierra Nevada allá en las Lomas.

La primera señal del nuevo gobernador vendrá en la designación de su equipo de transición, el arribo del nuevo presidente de CEDHC, de los comisionados mencionados y de los magistrados, ya que fueron muchos los invitados del PRI, PAN y PRD que no dan los números para cubrir, sin rupturas, estos puestos.

Terminadas las elecciones vaya que a los coahuilenses nos urge que se tomen decisiones y se actúe ante los grandes temas: el combate al narcomenudeo, la proyección citadina, el desarrollo económico y social, la infraestructura para recibir inversiones, el cuidado del agua, el fomento al turismo y el alivio a la calidad de vida, pero por lo visto empiezan las primeras barreras al nuevo gobierno.

Manolo deberá tomar la decisión de ser gobernador en toda la expresión de la palabra o convertirse como Riquelme, en un triste encargado de negocios o gerente del estado.

En el tema Enrique Lacordaire da la fórmula: “Para gobernar se precisa firmeza, pero también mucha flexibilidad y paciencia.”

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