Viesca, Pueblo Mágico sin agua

Con poco más de 20 mil habitantes y ubicado a 70 kilómetros de Torreón, el municipio de Viesca es considerado uno de los Pueblos Mágicos de Coahuila, aunque sus habitantes sobreviven sin agua y oportunidades. 

Allí, mientras la Universidad Autónoma de Coahuila accedió a recursos federales para instalar un Jardín Etnobiológico que preservará especies endémicas, la población lucha día a día para permanecer, pues los que tienen recursos emigran para estudiar o trabajar, y generalmente no vuelven, en tanto los que no pueden irse sobrellevan la pobreza más vergonzosa

Otros han llegado para quedarse motivados por el amor. Ese es el caso de Angélica Acosta Hambriz, originaria de Zacatecas, quien conoció al que es su esposo y decidió seguirlo a la Comarca Lagunera hace ya 18 años. “Sí se ve que ha ido disminuyendo el agua, ahorita hay poquita y pues supuestamente una noria ya no jala, la que funciona es la de La Hacienda y pues sí batallamos.

En la narrativa visual los signos de los buenos tiempos están presentes a través de los enormes pinabetes que dan una hermosa sombra a las calles. Sin embargo por las acequias ya no corre la renovada presencia del agua y no se ve más que tierra acumulada y basura

Esteban Compean también vive en El Tinaco, y desde temprana hora se levanta para almacenarla y también para llevarla a casa de su hija quien vive en La Ermita, porque, apuntó, de promesas no vive nadie y allá no sale ya nada de agua

Los políticos ahorita ni se asoman, la prioridad de ellos es la feria, ahí para sacar lana pa’ellos, porque para invertirle al pueblo no, no hay nada y ese es el detalle. Si está feo acá, vayan para el ejido de La Fe o el ejido El Cinco.

A la entrada de El Bajío de Ahuichila se lee que se trata de una comunidad con 150 habitantes, es decir, quizá alcance a ser constituida por 50 familias.  Allí el señor Martín Tapia, desgrana mazorcas para darle de comer a sus animales. Dijo que desde chiquillo ha vivido en Ahuichila. Pero en los últimos años se ha roto la seguridad debido a la escasez de agua potable

Yo tengo mi ganadito, no se me ha muerto todavía, les compramos la pastura para darles y el agua pues todavía alcanza pa’ellos también; se toman cuatro o cinco tanques diarios de agua. La comida se las traemos para que vivan. Ahí están flacas las reses pero están vivas. La pastura la traemos desde Matamoros”. 

El agua, aseguran, proviene de un manantial que no obstante, está hoy seco ante la falta de lluvias. Éste abastece al rancho y aunque son pocos, no da abasto ante las necesidades diarias. Por eso reciclan el agua.

Antonia Castillo, esposa de Martín: “Ya tenemos como dos años batallando. Hasta las plantas sufren y se secan”.

Al retroceder en el camino se encuentra la ruta de terracería para llegar al ejido La Fe, comunidad que parece una isla poblacional en medio de la nada si no fuera porque el paisaje lo rompe la presencia de una marmolera.

Allí el apellido Tapia es común porque el ejido lo habitan 15 familias, casi todas relacionadas, que sobreviven en una pobreza ofensiva. 

De acuerdo a los anuncios que se colocan luego de entregar una obra, en el año 2018 y destinado a pequeños productores, la Sagarpa a través del programa de Infraestructura Productiva para el Aprovechamiento Sustentable de Suelo y Agua (IPASSA), destinó como aportación federal 2 millones 072 mil 528.28 pesos al “Proyecto integral para la captación de agua y restauración de agostaderos”, beneficiando a 64 personas que debieron aportar 101 mil 448.86 pesos. 

Con ese dinero la Sagarpa concedió como apoyo la construcción de 2 bordos de cortina de tierra compactada, 2 kilómetros de cerco de exclusión y la siembra de 100 hectáreas con zacate Buffel, además de 14.025 metros cúbicos de terrazas de base angosta y un muro de contención. 

“Aquí no hay nada de agua. Echamos a jalar un pocito que tenemos aquí pero, tenemos un generador ahí y le estamos echando el diesel, pero ya ve que el combustible está bien caro, y para tomar pues no tenemos, potable no tenemos”, refirió Marcelino Tapia.

Con la noria a un kilómetro, se movilizan por el agua para lavar y darle de beber a los animales. La que necesitan para beber la compran en la cabecera municipal. 

Milenio

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