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Una Nueva Economía

Óscar Sala - Opinión - 13/02/2020

Soy capitalista. Tengo más de cuarenta años viviéndolo, observándolo desde variar trincheras, generando capital, disfrutándolo y, sobre todo, investigando los comportamientos de los mercados y de la sociedad; les puedo decir, sin temor a equivocarme, que no ha habido mejor época que ésta en la que estamos viviendo.

Hoy en día los capitalistas más ricos nunca habían sido tan ricos como ahora; la pregunta es: ¿Cómo le hacen? ¿Cómo se le hace? ¿Cómo se logra, cada año, obtener una rebanada cada vez mayor del pastel económico? ¿Es que las personas más ricas son más inteligentes de lo que éramos nosotros hace veinticinco o treinta años? ¿Es que ahora trabajan más duro que antes? ¿Es que son más altos o apuestos?

¡Nada de eso! Todo se reduce a una sola cosa: Economía. ¡Allí está el secreto!

Hubo un tiempo en el que la economía trabajaba para el interés público, pero en la era neoliberal, hoy en día, el sistema económico funciona sólo para grandes corporaciones y multimillonarios. Esto ha ido creando un “pequeño” problema; no atiende a la mayoría de la gente. ¡Por supuesto que existen soluciones! Se pudiera elegir promulgar políticas económicas que aumenten los impuestos a los súper ricos, políticas que regulen las actividades de las poderosas corporaciones o que aumenten los salarios de los trabajadores; ya se ha hecho antes.

 ¿Cuál es la diferencia hoy? La diferencia es que, de un tiempo a la fecha, los economistas neoliberales advierten y se rasgan las vestiduras al decir que todas esas políticas serían un error terrible; que el aumentar los impuestos inevitablemente aniquila el crecimiento económico, que cualquier forma de regulación gubernamental es ineficiente y que aumentar los salarios acaba con los empleos. Gracias a estos economistas y como consecuencia de ese pensamiento, en los últimos treinta años, el uno por ciento superior de la población ha crecido cuatrocientos veinte mil billones de pesos más ricos, mientras que el cincuenta por ciento inferior ha crecido dieciocho mil billones de pesos más pobres; un patrón de desigualdad cada vez mayor que se ha ido replicando en todo el mundo.

Mientras que las familias de clase media luchan por sobrevivir con salarios que han permanecido estancados desde hace unos cuarenta años, los economistas neoliberales continúan advirtiendo que la única respuesta razonable al doloroso desorden de austeridad y globalización es más austeridad y globalización.

¿Qué debe hacer la sociedad? Para mí es muy claro lo que debemos hacer: Es necesaria una nueva economía.  A la economía, por una muy buena razón, se le describe como una “ciencia sombría”; por mucho que se le enseñe hoy, la economía no es una ciencia en lo absoluto, a pesar de todas esas deslumbrantes matemáticas y fórmulas que no llevan a ningún lado. De hecho, un número cada vez mayor de académicos y profesionales han concluido que la teoría económica neoliberal es peligrosamente errónea y que las crisis progresivas de desigualdad y creciente inestabilidad política son el resultado directo de décadas de una teoría económica equivocada. La teoría económica neoliberal, la que conocemos y que ahora vivimos, no solo es errónea, sino que está al revés. Contrario a lo que se pregona, resulta que no es el capital el que crea el crecimiento económico, son las personas; no es el interés propio lo que promueve el bien público, es la reciprocidad y, sobre todo, no es la competencia lo que produce nuestra prosperidad, es la cooperación. Nos hemos podido dar cuenta que una economía que no es justa ni inclusiva nunca ha podido, ni podrá, sostener los altos niveles de cooperación social necesarios para permitir que una sociedad moderna prospere.

¿En dónde nos equivocamos? Es evidente y dolorosamente obvio que los supuestos fundamentales que sustentan la teoría económica neoliberal son objetivamente falsos. Mencionaré algunos de esos ficticios supuestos neoliberales y luego les muestro desde dónde, realmente se origina y se obtiene la prosperidad.

Un supuesto económico neoliberal es que el mercado es un sistema en eficiente equilibrio, lo que básicamente significa que, si una cosa en la economía sube, como los salarios, otra cosa, como los empleos, debe bajar. En el 2014 se aprobó en Seattle, Washington, el primer salario mínimo de quince dólares la hora; los neoliberales se asustaron y defendieron por todos los medios a su tan querido y precioso equilibrio. “Si aumentan el precio de la mano de obra”, advirtieron, “las empresas comprarán menos y miles de trabajadores de bajos salarios perderán sus empleos. ¡Los restaurantes cerrarán! ¡Será un caos!” Excepto que no pasó nada de eso, la tasa de desempleo cayó dramáticamente. El negocio de los restaurantes en Seattle floreció. ¿Por qué? ¡Porque no existe tal equilibrio! Aumentar los salarios no mata empleos, los crea; cuando los dueños de restaurantes les pagaron más a sus empleados, estas personas pudieron tener suficiente para, incluso, permitirse el lujo de comer en los restaurantes; la medida no redujo el negocio restaurantero, sino que lo agrandó.

Otro supuesto es que el precio de algo siempre es igual a su valor, lo que básicamente significa que, si usted gana sesenta mil pesos al año y yo gano seis millones de pesos al año, es porque yo produzco cien veces más valor que usted. Es una suposición muy reconfortante si usted es un Director General de una empresa que se paga a sí mismo cincuenta millones de pesos al año, pero que les paga a sus trabajadores salarios de pobreza. Ese supuesto no tiene ningún sentido. La realidad es que a las personas no se les paga lo que valen, se les paga lo que tienen el poder de negociar y la caída de los salarios en el PIB no se debe a que los trabajadores se han vuelto menos productivos, sino que los patrones se han vuelto más poderosos. Al pretender que no existe ese abismal desequilibrio de poder entre el capital y el trabajo, la teoría económica neoliberal se convirtió esencialmente en una estafa de protección para los súper ricos.

Un tercer supuesto, y por mucho el más perjudicial, es el patrón de comportamiento que describe a los seres humanos como algo llamado “homo economicus“, en donde básicamente significa que todos somos perfectamente egoístas, perfectamente racionales y que implacablemente buscamos el aprovechamiento personal. Preguntémonos: ¿Es razonable pensar que cada vez, usted durante toda tu vida, cuando hizo algo bueno por alguien más, todo lo que usted hizo fue maximizar su propia utilidad? ¿Es razonable decir que cuando un soldado salta y se tira sobre una granada para defender a otros soldados, solo promueve su interés personal? Si usted piensa que lo anterior es una locura, es porque lo es; aunque la ciencia económica diga lo contrario. Ese modelo de comportamiento es el que se encuentra incrustado fríamente en el  cruel corazón de la economía neoliberal; el modelo es tan moralmente corrosivo como científicamente incorrecto que, si aceptáramos que los humanos son fundamentalmente egoístas y observásemos una evidente prosperidad en todos los rincones del mundo, por definición, entonces este modelo tendría lógica y sería cierto que miles de millones de actos individuales de egoísmo, mágicamente, se transformarían en prosperidad y en bien común. Si los humanos somos simple e implacablemente egoístas, entonces el egoísmo es la causa de nuestra prosperidad. Si lo vemos bajo esta lógica económica, la codicia es buena, el aumento de la desigualdad es eficiente y el único propósito de las empresas es enriquecer a sus accionistas; de no actuar así, significaría frenar el crecimiento económico y dañar la economía de todos en general. Este “evangelio de egoísmo” es la piedra angular de la ideología de la economía neoliberal; esa forma de pensar es la que ha producido políticas económicas que han permitido que los que están al principio de la lista, ese uno por ciento, la población más rica del mundo, puedan obtener prácticamente todos los beneficios del crecimiento económico de los últimos cuarenta años.

Sin embargo, si en cambio aceptamos y observamos el comportamiento de los humanos a través de la historia, una ciencia real y empírica basada en la observación que describe correctamente a los seres humanos como criaturas altamente cooperativas, recíprocas e intuitivamente morales, entonces se deduce lógicamente que debe ser la cooperación y no el egoísmo la causa de nuestra prosperidad, es decir, no es nuestro interés propio sino es nuestra inseparable reciprocidad el verdadero súper poder económico de la humanidad; de aquí concluimos que en el núcleo de esta nueva economía existe un relato sobre nosotros mismos que nos permite ser la mejor versión de nosotros, que contrario con el modelo económico actual, es justa y que, además, tiene la virtud de ser verdad.

Este nuevo modelo de economía no es algo que personalmente haya imaginado o inventado; esas teorías y modelos se están desarrollando y perfeccionando en universidades de todo el mundo basándose en estudios e investigaciones en economía, en teoría de la complejidad, en teoría de la evolución, en psicología, en antropología, como entre otras disciplinas. La mayoría de la gente da por un hecho que lo que no es modelo neoliberal debe ser, por eliminación, un modelo comunista, como si capitalismo y neoliberalismo fueran lo mismo y no hubiera espacio para otro modelo económico diferente a esos dos. Aunque esta nueva economía aún no tiene su propio libro de texto o ni siquiera tiene un nombre comúnmente acordado, de manera sencilla les digo que la prosperidad bajo este nuevo modelo económico viene partiendo del hecho que el capitalismo de mercado es un sistema evolutivo en el cual la prosperidad emerge a través de un ciclo de retroalimentación positiva entre cantidades crecientes de innovación y cantidades crecientes de demanda del consumidor. La innovación es el proceso mediante el cual resolvemos los problemas humanos, la demanda del consumidor es el mecanismo a través del cual el mercado selecciona innovaciones útiles y a medida que resolvemos más problemas, nos hacemos más prósperos. Sin embargo, a medida que nos hacemos más prósperos, nuestros problemas y soluciones se vuelven más complejas; es esta creciente complejidad técnica el motor que requiere niveles cada vez más altos de cooperación social y económica para producir productos cada vez más especializados que definen una economía moderna.

La economía actual, la neoliberal, es correcta, en que la competencia juega un papel crucial en la forma en que funcionan los mercados; sin embargo, pasa por alto que esa competencia es entre grupos altamente cooperativos; competencia entre empresas, competencia entre consorcios de empresas o competencias entre naciones. Cualquiera que alguna vez haya tenido un negocio, empresa o proyecto exitoso sabe que es siempre una mejor estrategia el construir un equipo cooperativo incluyendo los talentos de todos que sólo juntar a un montón de personas egoístas.

¿Cómo dejamos atrás el neoliberalismo y construimos una sociedad más sustentable, más próspera y equitativa?

Les dejo cinco reglas generales:

  1. Las economías exitosas no son selvas, son jardines; es decir, los mercados, como los jardines, deben ser cuidados y atendidos. “El Mercado” es la tecnología social más grande jamás inventada para resolver problemas humanos; pero sin limitaciones sociales o sin reglas democráticas, los mercados inevitablemente crean más problemas de los que resuelven: Como ejemplos podemos mencionar el cambio climático y las grandes crisis financieras que se han venido repitiendo cíclicamente desde 1637 hasta la fecha; cabe añadir que ese ciclo es cada vez es menor, es decir partiendo de la crisis de 1637, la que le siguió fue ochenta y tres años después, luego setenta y siete y desde entonces, cada veintidós años se vive una crisis económica. ¡Cómo no aprender de esta estadística!
  1. La inclusión crea crecimiento económico; la idea neoliberal de que la inclusión es solo un lujo que se puede ofrecer sólo en el caso en que las grandes firmas tengan crecimiento es errónea y está al revés. La economía es la gente; el incluir a más personas, de más maneras, es lo que hace al crecimiento económico; es eso lo que hace crecer el mercado.
  1. El propósito de la corporación no es simplemente enriquecer a los accionistas. El mayor obstáculo en la vida económica contemporánea es la idea neoliberal de que el único propósito de la corporación y la única responsabilidad de los ejecutivos es enriquecerse a sí mismos y a los accionistas. La nueva economía debe y puede insistir en que el propósito de la corporación es mejorar por igual el bienestar de todas las partes interesadas: clientes, trabajadores, comunidad y, por supuesto, los accionistas.
  1. La codicia no es buena. Ser rapaz no te convierte en capitalista, te convierte en un sociópata. En una economía tan dependiente de la cooperación en una escala como la nuestra, la sociopatía es tan mala para los negocios como para la sociedad.
  1. A diferencia de las leyes de física, las “leyes” de la economía son una opción, se pueden escoger y elegir. La teoría económica neoliberal se ha vendido como una ley natural inmutable, cuando en realidad son un conjunto de argumentos y normas sociales construidas basadas en una pseudociencia. Si realmente queremos una economía más equitativa, más próspera y sustentable, si queremos democracias y sociedad civil de alto funcionamiento, es necesario tener una nueva economía; lo único que tenemos que hacer es elegir tenerla.

TODO COMIENZA EN UNO.

OS

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* “El contenido, conceptos y juicios de valor del presente artículo son responsabilidad del autor y no necesariamente son compartidos por la Edición, y/o los propietarios de este Periódico”.
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