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Secretos de Familia (capítulo IV)

“Un lagunero de pura cepa”, como él mismo se define, un hombre maduro y serio que radica en Saltillo y quién es hoy muy respetado en las lides periodísticas, responde a mi pregunta.
¿Qué me dices del inicio político de Rubén Moreira Valdéz?
Y lagunero como es (franco y directo), me dijo: “Recuerdo que Rubén empezó con Eliseo Mendoza Berrueto (Gobernador de 1987 a 1993). Era entonces, secretario del secretario del secretario, un funcionario de tercera categoría. Nos vimos algunas veces en su casita de cuatro metros de frente, en la Colonia Oceanía Bulevares. Tenía asignada una camionetita Datsun dos puertas, de color blanco. Era muy callado, como frustrado por su pobreza y su insignificante carrera política, pero aseguraba que avanzaría; nunca pensé que tanto.
Cuando Humberto llegó al INEA, a Rubén se lo tragó la tierra. Fue cuando adquirió su casa en la 26 de Marzo, con un crédito de su esposa Margarita Loera, con quién se casó pese a la oposición de sus padres. Los Loera y Los Moreira se odiaban a muerte. Entró a la UAC, se avergonzaba de ser maestro y quería ser abogado. Dicen que nunca concluyó sus grados académicos, aunque se dice licenciado”…
El profesor Moreira (Humberto) usó la nómina del INEA para iniciar su carrera de “experto electoral”.
Hospedó en el presupuesto a cuanto mapache había, y ya de paso a periodistas y políticos en desgracia, a lideresas y líderes políticos. Contrario a lo que se piensa, aseguran que nunca fue cercano al Dr. Rogelio Montemayor, aunque sus servicios de operador le fueron útiles, y le agradeció. Pero tenía ansias de novillero y se le empezaron a notar.
El profesor quería ser Alcalde y de ahí, Gobernador. Su hermano Rubén, fue siempre su alfil, y recibió sus modestos y paulatinos ascensos gracias al profesor, y esto es relevante porque al pasar de los años, el abogado (que dice que es, aunque el periodista Sergio Soto Azúa, también asegura que no, que carece de cedula profesional), nos ha hecho creer lo contrario; que él (Rubén) “fue el autor intelectual”.
Y es hoy, autor intelectual de tantas cosas, pero del despegue y de la carrera de su hermano Humberto, que lo llevaron a la Gubernatura, está claro que no. Sin el profesor, sin su operación, su populismo y habilidad, Rubén jamás sería gobernador. Pero, no hay duda alguna, los hermanos ¡estaban arreglados!
 Inexperto aun, el profesor pensó que podía moverse a sus anchas en la política local, mostrar su musculo operador electoral y que quien mandaba lo tomaría como guasa. Humberto llegó a la oficina una mañana y se encontró con que el Gobernador Montemayor había mandado cambiar la combinación de las cerraduras. Sus pertenencias en cajas de cartón, fuera de la oficina. Hizo antesala al Ejecutivo por horas, humillado por los ayudantes del doctor en economía que trabajaba de Gober, puso tierra de por medio. Se fue a vivir temporalmente a Guadalajara.

 

Rubén (sin su mecenas se hundió, se quedó en el ostracismo; vivió de su salario de maestro; ahí, recordó lo que era, “un maestro simple y nada sin Humberto).
Guadalajara fue para el profesor solo un refugio temporal. Sobrevivió sin recursos (entonces, dinero no tenía), con el apoyo de su Ex Jefe y aun Director del INEA, de quién se dice fue su padrino político, hasta ese momento. Este trance tapatío, duro en tanto se contactaba con Enrique Martínez y Martínez, quién buscaba afanosamente ser Candidato del PRI a la Gubernatura del Estado. Martínez, no se reponía aun de la sacada de tapete que el Presidente Salinas de Gortari le dio (cinco años antes) para ayudar al entonces Delgado Federal de SEDESOL en Coahuila, Rogelio Montemayor Seguí, (dicen que citó Carlos Salinas De Gortari al aspirante Enrique Martínez en los Pinos.
Acudió puntual a la cita pensando quizás que, en su calidad de primer priista del país, el Presidente le anunciaría, que él, era el elegido del Partido. Pero estando en la antesala, los sectores del PRI en el estado, se manifestaban por Montemayor para ser “el candidato de unidad”).

Ahora las cosas eran distintas, la línea era clara: Enrique Martínez y Martínez era el Candidato y el profe “ya le había echado el ojo” (sus atractivos como operador electoral, y su cercanía con Elba Esther Gordillo, fueron ofertados a Enrique).

Rubén, demeritado y pobre, decía a sus pocos amigos, muy ufano (con la cabeza erguida y la panza metida, pero con la camisa de fuera):

“Los Moreira siempre caemos parados, se acabaron las vacas flacas, mi hermano Beto me salvará de esta hambre y sed que me tienen tan flaco, y de la ingrata política montemayorista)”.

Continuará…

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