#¿QuiénDefiendeAMéxico?

¿Quién merece que lo defiendan? ¿Quién, además del Chapulín Colorado, nos defiende a los ciudadanos? ¿Quién y para qué nos convoca a marchar hoy? ¿Es una protesta contra AMLO o a favor del INE? ¿Es las dos? ¿Si hoy, con tu protesta, extiendes un cheque en blanco de defensa al INE, quién, cómo y cuándo lo va a cobrar? ¿Qué es lo que queremos que haga el presidente con la reforma electoral? ¿Que la cancele, cambie o mejore? ¿Que nunca más se toque al INE? Las instituciones que tenemos, buenas o malas, ¿no se tocan? ¿Se han tocado antes? ¿Qué era diferente antes, cuando sí se tocaban las instituciones? ¿Las instituciones -y políticas agregaría yo- que tenemos no tienen área de mejora? ¿Han otros “tocado” a las instituciones? Cuando el IFE -o el INE después de la última reforma- no se tocaba, ¿logró darnos un mejor sistema de partidos? Con el INE intocable, ¿quién nombra a los consejeros? ¿Cuándo fue la última vez que un candidato o partido en una elección de relevancia fue descalificado por el INE o perdió su registro por usar recursos públicos o ilegales o por rebasar topes de campaña o por cometer fraude? 

La decepción por el desempeño, las formas y el tufo militarista y antidemocrático del presidente López Obrador y su mal llamada “transformación”, sube con el paso del tiempo. Estamos entrando al período de su sexenio donde la atención pasa de las garnachas de carretera habituales a la ansiedad que siente casi cualquier líder por controlar todo, incluyendo quién y cómo lo sucederá en las próximas elecciones. Y eso lo hace aún más peligroso. Es claro que el presidente no escucha a nadie. No se sabe si hay asesores de confianza que tengan unas cuántas neuronas dedicadas al libre pensamiento y a la autocrítica. Pareciera que el presidente está cada vez más solo y se rodea cada vez más de uniformes verde olivo, tal vez por traumas de su juventud. Ese ostracismo y esos aparentes traumas del presidente son los que hacen que muchos de nosotros tengamos dudas serias, válidas y justificadas de lo que son sus verdaderas intenciones en cualquier tema y hoy en día sobre la reforma electoral. Le aplica el famoso refrán de “piensa mal y acertarás”. Es claro para muchos mexicanos que el presidente es el provocador en jefe, pero no podemos confiarnos y esperar que este asunto de la “reforma del INE” sea otra más de sus provocaciones para medir el interés de la gente, pero sobre todo de la oposición (cualquiera que esta sea), sobre temas importantes.

Mientras tanto, los ciudadanos que llegamos a pensar equivocadamente que AMLO pudiera ser el golpe de timón, serio, ordenado, de mano izquierda y cordura que el país necesitaba, vemos también con desesperación que no hay contrapeso serio en la oposición. Una oposición hueca que a lo más que llega es a presentar un eslogan nuevo, con su debido hashtag, cada mes (este mes es el turno de #YoDefiendoalINE y #ElINENoSeToca). Estamos atrapados entre quienes no saben gobernar y quienes no saben ser oposición. Negarle el cheque en blanco a una oposición sin propuesta (aliada del PRI de Alito), esa que puso la mesa para hacer viable la llegada de AMLO con su inútil añoranza por el pasado, nos convierte automáticamente en traidores. Para los extremos hoy no hay tonos de grises; estás conmigo o estás contra mí. Sin embargo, me atrevo a afirmar que hay millones de mexicanos que comulgamos con la urgencia en reducir y desterrar la alarmante pobreza que sufren unos 60 millones de mexicanos y que denunciamos la falta de un sistema (por los últimos 4 y 40 años) fundado en políticas económicas sólidas y acordes a las necesidades de México, que sea capaz de proveer oportunidades no solo para reducir la pobreza, sino para generar movilidad social y multiplicar agresivamente el tamaño de la clase media. Ese sistema y esas prioridades se pueden lograr y atender si se ajustan políticas económicas sin importar el nivel democrático que tenemos hoy en México; con un INE lejos de ser infalible; con un INE y partidos onerosos (cuestan cerca de $1,000 millones de dólares cada año); con consejeros presidentes como Lorenzo Córdova y sus papelones coléricos, cara roja y todo, al estilo FRENAA; con senado y congreso obesos, dedicados a servir a sus partidos y sus intereses personales; con partidos que son como sanguijuelas prendidas del cuello de la nación. Aún con esos lastres y áreas de oportunidad que no podemos obviar, las prioridades deben estar hoy en otro lado y no barrerlas bajo el tapete con otra reforma (como las hubo en gobiernos anteriores) que solo postergan el hacer las cosas diferente para tener resultados diferentes. Hoy la batalla, nos dicen, es por el INE; pero no olvidemos los pendientes que tienen gobierno y partidos. Sí, hoy defendamos al INE, no por los partidos, ni por Córdova, ni por ir contra AMLO, ni a favor de Claudio X, pero procuremos no olvidar preguntarnos el lunes #¿QuiénDefiendeAMéxico?

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