Mi Héroe

Por doce años conocí a mi padre, su frágil salud fue deteriorándose siendo la familia testigo de ese escenario, en el que solamente su coraje y buen humor salvaban el momento de un condenado a morir.

A pesar de ello, mi viejo era fuerte, no sé de donde sacaba tanta energía como cuando lo vi derribar el alto ciprés del jardín a hachazos.

Béisbol  y Toros, sus dos pasiones que seguía con prontitud, la segunda heredada de mi abuelo Don Jesús Gómez “el Mataor” y la primera en recuerdo a sus años de juventud con el equipo Club 45 de aquellos años en Saltillo.

La enseñanza paterna primordialmente refiere aficiones y oficios, valores y ejemplos de vida que vamos retomando de acuerdo a nuestras etapas.

Un día de repente somos rebeldes y no entendemos del orden de las cosas y es así como buscamos paredes a donde ir a estamparnos, porque nuestra tozudez refiere que hasta que no lo vivimos, no es verídico. Tarde nos damos cuenta que la realidad muerde y tiene su lado moridor y gacho, cruel y despiadado.

Es quien te dice que te quiere llevándote de paseo, jugando a la cascarita contigo, en la matiné de los domingos, acarreando la barbacoa o reparando algún desperfecto de la casa.

Creo que la máxima aspiración es el ejemplo, el orden, la manera correcta de hacer las cosas, pero también el quebrarse al sentimiento cuando eres reconocido por algún logro o esfuerzo. La complicidad es en silencio normalmente porque los hombres no lloran decía la antigua conseja.

Cambia el hombre, no la doctrina y si bien es cierto estos tiempos dados en llamar modernos conllevan otro estilo en la educación de los hijos, los valores no se han modificado y la exigencia de las prácticas y escenarios sociales en donde se ha perdido la capacidad de asombro, fácilmente pueden ser atacados con una formación axiológica suficiente y básica: honrar la verdad, dar a cada uno lo suyo, no dañar a los demás, respetar nuestro ser,  la propiedad, al medio ambiente y sobre todo esforzarnos a ser felices.

Cat Stevens compuso una melodía que lo confirma: “No es tiempo para hacer un cambio, /Simplemente relájate, tómalo con calma. /Todavía eres muy joven, eso juega en tu contra, /Hay tanto que tienes que saber. /Encuentra una muchacha, establécete, /Si quieres puedes casarte. /Mírame, yo soy viejo, pero estoy contento. /Yo fui como tú, y sé que no es fácil, /Con tranquilidad puedes encontrar lo que buscas.

Pero toma tu tiempo, piensa mucho, /piensa en todo lo que tienes. /Por ti estas cosas estarán aquí mañana, Pero puede que tus sueños ya no”. Father and son. 1970. Álbum: Tea for the Tillerman.

La historia del héroe se va fraguando desde niño porque refiere la asombrosa manera en que Papá nos va enseñando los panoramas, los lugares, los gozos; después porque nos damos cuenta que él trabaja para nosotros, para sacar adelante a una familia no en la reproducción del esquema, sino en la formación de uno nuevo que evolucione a través de nuestra educación y esfuerzo, para trascenderlos. Papá no quiere que seamos como el, sino que en base a ese ejemplo lleguemos a mas, en esa tesitura es como una catapulta de la vida.

 El Papa Francisco es más preciso: “Un padre sabe cuánto cuesta transmitir este legado: cuanta proximidad, cuanta dulzura y cuanta firmeza. Pero, ¡qué consuelo y que recompensa recibe, cuando los hijos rinden honor a esta herencia! Es una alegría que compensa todas las fatigas, supera cualquier malentendido y cura todas las heridas. Para ser un buen padre, lo primero es estar presente en la familia.

Un buen padre debe estar cerca de la esposa, para compartir todo, alegrías y tristezas, esperanzas y esfuerzos. Un buen padre debe estar cerca de los hijos mientras crecen: cuando juegan y cuando se esfuerzan, cuando están alegres y cuando están angustiados, cuando se expresan y cuando callan, cuando se atreven, y cuando tienen miedo, cuando dan un paso en falso y cuando encuentran su camino.

Un padre presente siempre. Pero decir presente no es lo mismo que decir controlador. Porque los padres controladores anulan a sus hijos, no les dejan crecer.” Catequesis. Febrero 2015.

Una felicitación a todos lo que son padres y más aun a quienes tienen la dicha de tenerlo en vida, la sentencia es gentil: ¡honrarlos! Su ejemplo permea en estos tiempos del arrase y la desesperanza, es la luz que requerimos para continuar el camino a la felicidad y la realización. Héroes, benditos sean.

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