… lo concede el Infierno

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“No hay mal que por bien no venga”, es uno de los aforismos más recordados de nuestro muy colorido refranero popular. Víctor Hugo plasmó esa misma idea, en términos más poéticos, en su conocido apotegma: “A veces, lo que se pide al Cielo lo concede el Infierno”.

Los grandes males de la humanidad siempre traen aparejados beneficios que no se vislumbran hasta después. La emancipación de la mujer occidental, por ejemplo, fue acelerada, indiscutiblemente, durante las dos guerras mundiales: mientras los varones combatían en el frente de batalla, las mujeres debieron salir de sus casas, para ya nunca regresar, a ocupar esos huecos laborales.

Esas conflagraciones bélicas globales también fueron una especie de catarsis en las disparidades mundiales –como lo demuestra Thomas Piketty en su controvertida obra “El capital en el Siglo XXI”– al terminar, de golpe y porrazo, con la concentración obscena de la riqueza.

Steve Jobs fue corrido de Apple, empresa fundada por él en una cochera en sus años mozos. Eso lo impulsó a desarrollarse por su cuenta para después regresar por la puerta grande y convertirse en uno de los hombres más ricos del mundo. Twitter partió de un fracaso y sus fundadores, como Biz Stone, estaban al borde de la quiebra por haberle apostado a proyectos fallidos en el pasado.

El destino nos ofrece un sinnúmero de problemas y desafíos, pero siempre vienen acompañados de soluciones escondidas y al alcance de quienes saben buscar. El ser humano cuenta con una capacidad asombrosa de adaptación para sobrevivir a la adversidad y aprender de las desgracias. Nuestro pueblo es el mejor ejemplo de ello.

Para que los astros se alineen, a veces deben dar la vuelta completa a la bóveda celeste. Igual sucede con nosotros, con la salvedad de que durante el ciclo algunos se desesperan mientras otros pierden la esperanza.

Ése es el juego del destino, lo que le da vida a la vida. Lo que parece una gran tragedia, en algún momento tendrá un rostro amable. Pero sólo los grandes saben que “la noche es más oscura justo antes del amanecer”.

¡Feliz Navidad!

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