Democracia y alianza para rescatar la Sección 38 del SNTE.

El proceso que se avecina para elegir dirigentes en la Sección 38 del SNTE, constituye una oportunidad para reconstruir, entre todas y todos los agremiados, un sindicato que retome el principio fundamental de su naturaleza y objeto: la defensa de derechos laborales, salariales y de seguridad social. 

Esa misión reclama una participación analítica, reflexiva y propositiva en la elaboración de un proyecto que sea punto de partida, brújula que marque rumbo, defina cuadros y equipos que puedan enarbolar y conducir ese proyecto con absoluta honestidad y vocación de servicio. 

En repetidas ocasiones hemos escuchado múltiples voces que plantean la conveniencia de promover la UNIDAD entre quienes se oponen a la continuidad del grupo que controla la Sección 38 del SNTE. Entendemos que ese planteamiento es producto del hartazgo de la inmensa mayoría de los agremiados que, indignados y cansados de los abusos de quienes secuestraron la Sección desde el 2008, quisieran ver que los grupos disidentes están realmente interesados en lograr un cambio de fondo y que estarían dispuestos a hacer un frente común entre ellos, para posibilitar la conformación de un bloque opositor que recupere la dirigencia seccional, con el fin de dignificar y honrar la gestión sindical, en pro del rescate de la Sección y la reconstrucción de las instituciones de seguridad social del magisterio estatal.

Una alianza requiere de la disposición de quienes han expresado interés en contribuir a la democratización de la Sección 38 y asumir la gestión y defensa de derechos laborales, sociales y humanos de sus agremiados. 

Si bien es cierto que las alianzas son alternativas viables cuando un fin positivo las anima, lo cierto también es que una opción semejante es factible si existen sólidos principios, componentes y elementos que aseguren su buen fin. 

En la historia de los movimientos sociales, las alianzas que han llegado a buen puerto son aquellas de grupos que, teniendo genuinas aspiraciones de contribuir al bien común, supeditan sus particulares intereses a un propósito superior. 

¿Sería el caso de la oposición en la 38? 

¿Tiene la oposición un propósito, un proyecto superior, estructurado y claramente definido en consonancia con las necesidades y defensa de derechos de los agremiados? ¿o todo se reduce a una simple obsesión, reciente o añeja, de ocupar un puesto sindical? 

¿Estarían dispuestos, quienes quieren ocupar un cargo en la 38, a poner en primerísimo lugar el propósito superior de posibilitar el cambio y supeditar a ello su interés personal si eso fuese necesario? Si ello es factible, sería importante dar forma y concreción a la voluntad de las partes para que esa unión sea posible, porque de la madurez y la responsabilidad de quienes pretendan encabezar la batalla para dignificar la gestión sindical dependerá que el urgente y anhelado cambio sea posible. 

Estar a la altura de lo que los tiempos reclaman a cada quien, supeditar intereses y aspiraciones personales, superar diferencias y sumar en las coincidencias, será fundamental para la lucha por la reivindicación de los derechos humanos, sociales y laborales del magisterio estatal. 

¿Están preparados y dispuestos los aspirantes para una alianza estratégica por la democracia? Ojalá que sí y que las obsesiones personales no propicien, cual río revuelto, la ganancia de los pescadores de conciencias y que el grupo en el poder no mantenga secuestrada la Sección 38. 

Aún más: ¿Estará la base magisterial dispuesta a hacer valer su derecho a optar por un cambio verdadero, o sometida por el miedo a la libertad seguirá bajo el yugo opresor de quien tanto daño le ha causado?

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