Crímenes de Estado

Mientras que en otros estados del país la gente levanta la voz, toma las calles, exige justicia por los abusos que cometen sus autoridades, en Coahuila los ciudadanos parece que duermen el sueño de los justos y solo se dedican a observar cómo, de gobernador para abajo, se cometen crímenes, atentados, secuestros, violaciones a los derechos humanos, robos descarados disfrazados de impuestos, encarcelamientos ilegales y cuanta fechoría se pueda conocer o pueda inventarse.
Es grave, sencillamente grave y muy delicado lo que sucede en todos y cada uno de los 38 municipios del estado donde prevalece la Ley de Rubén Moreira: la corrupción, esa misma que con la creación de su juguete preferido, un organismo hecho con retazos de cuanto grupo policiaco fue desmembrado, GROMS, GATES, estatales, Acreditables, ministeriales, todos fueron a parar a “Fuerza Coahuila” y a incrementar el poder de quien se cree el dador de vida, dueño de almas y haciendas.
El terror es, desde hace algunos meses, la marca, el sello particular, de un gobierno alejado de la sociedad a la que solo miran como un suculento botín. Una sociedad aplastada por las leyes que el propio Rubén Moreira ha dictado; las poblaciones de Coahuila sufren los excesos de un grupo de hombres que llegaron a posesionarse de Palacio Rosa, lugar que se niegan a abandonar.
Desde ahí, desde esas paredes y esos pisos dañados por manos hidalguenses, (que ya hablaré en otra ocasión de eso), se han gestado, se han ordenado, dirigido y ejecutado las acciones más perversas jamás imaginadas. Los autores intelectuales: Rubén Moreira y David Aguillón. Los autores materiales: Víctor Zamora y su “Fuerza Coahuila”.
No vamos lejos, hay cientos de casos para no dudar de estas palabras escritas. Trataré solo algunos de ellos: Primeramente el del hijo de Noé Garza Flores, muchacho del mismo nombre cuyo error grave en su vida es que su padre hubiese tenido la ocurrencia de querer ser gobernador, de patear el pesebre, de “mamar y dar topes”, como dirían en el rancho. Quiso ser gobernador y los perversos David y Rubén, planearon la forma de demostrarle que en Coahuila nada se mueve sin la orden de ellos. Su hijo está en la cárcel, acusado de pervertir a una menor que no existe, que lo acusa de haberle vendido un montón de yerba de la que hace hablar con todos los apóstoles. Noé, que así se llama el hijo de Noé Garza, paga los platos rotos de la osadía de su padre.
Después fue el “levantón” que le dieron al amigo periodista de Monclova Apolonio de la Cruz Quezada, allá por tierras sanbonenses. Una buena “calentada” a manera de “te vas a estar quieto” fue lo que se llevó, aunque ello no sirvió para detener su decisiva disposición de escribir y hablar con la verdad.
Igual ocurrió con las amenazas vertidas contra otro periodista, éste de Saltillo, Milton Andreé Martínez, inclusive llegaron a amenazarlo con mostrar una lista donde los narcos pagaban a un grupo de reporteros de varios medios de Coahuila, incluido él. Fue tanto como asustar con el petate del muerto. La narcolista de periodistas jamás existió y ahora Milton Andree se encuentra en posibilidad de demandar al gobierno de Rubén Moreira por los daños morales que le ocasionaron tales señalamientos.
De los asuntos oscuros más recientes ocurridos en estas tierras tan olvidadas de Dios y tan abusadas por los hermanos Moreira, fue el crimen de un notario público en Monclova, Raúl Alton que, cosa curiosa, le administraba varios “asuntos” al propio gobernador (llámese escrituraciones de casas, ranchos, terrenos, etc., enclavados en la Región Centro); ahí, el encargado de investigar y hasta de culpar, a una pobre viuda de haber envenenado, destrozado a martillazos y semienterrado en el jardín a su propio marido fue, curiosamente, el mismo sujeto que ordenó el doble crimen de dos jóvenes en hechos ocurridos en Nueva Rosita. Ahora, ante la falta de pruebas, la mujer está a punto de quedar en libertad aunque el daño que le ocasionaron no se paga con nada.
Lo de Rosita fue crimen artero, un doble asesinato ordenado y protegido desde las altas esferas del poder, en donde las víctimas, un par de muchachos inocentes, fueron confundidos por los elementos de la terrible organización delictiva denominada “Fuerza Coahuila”.
Qué bueno que en este caso, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos ya esté interviniendo a fin de intentar esclarecer el crimen y dar con el paradero de los responsables. Aunque a estas alturas todos sabemos que el robo es la causa y que los verdaderos responsables son el gobernador y su secuaz principal, metido de secretario de gobierno, Víctor Zamora, quien ya hace tiempo fue señalado en su natal General Cepeda por dedicarse a saquear carros de ferrocarril.
Y ahora para colocarle la cereza al pastel, “desaparece” toda una familia, su integrante principal un líder de colonos, Mario Baires, que ya tenía hasta el copete al gobernador y al alcalde de Piedras Negras Fernando Purón. Este personaje fue interceptado cuando se dirigía a su casa acompañado de su familia. Hombres armados, a bordo de camionetas blancas, se los llevaron ¿a dónde? Habría que preguntarle a Víctor Zamora, o al gobernador Moreira, o a su subalterno Fernando Purón que solo pudo encargarse de cumplir una orden porque su capacidad de pensar y de urdir medidas tenebrosas no llega a tanto.

En fin, mientras la sociedad sigue callada, observando lo que ocurre, en Coahuila, todo se vale. Secuestros, desaparecidos, presos políticos, encarcelamientos asesinatos y… sobre todo, robos, muchos robos, descarados robos de los que ya comentaré en mejor momento…

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